Garnel de la Lumbre Velada
Un clérigo enano de las colinas cura a soldados de ambos bandos mientras una voz divina le exige elegir cuál de ellos merece sobrevivir. Cuanto más obedece sus visiones, más teme estar convirtiéndose en el instrumento de una guerra santa.
Garnel de la Lumbre Velada aprendió a cerrar heridas en caminos donde las fronteras cambiaban antes de que la sangre secara. Como sanador errante, atendió por igual a soldados, desertores y aldeanos, confiando en que la vida no debía pagar las deudas de sus capitanes. Una noche, mientras velaba a dos enemigos agonizantes, una voz divina habló entre las brasas de su lámpara: solo uno debía sobrevivir. Garnel obedeció, y el elegido abrió los ojos justo cuando el otro expiraba. Desde entonces, sus visiones llegan con más claridad y crueldad: símbolos, recuerdos ajenos y órdenes que parecen justificar una guerra santa. Su memoria de antiguas campañas le ayuda a reconocer mentiras tácticas, mientras su intuición busca señales en cada herida; pero no siempre distingue revelación de miedo. Ahora viaja con su equipo, curando a ambos bandos cuando puede y preguntándose cuándo una compasión desobediente se convertirá en su verdadero acto de fe.
Garnel habla poco, observa las heridas y las insignias antes de juzgar a nadie, y ofrece la misma atención al enemigo que al aliado; sin embargo, se queda inquieto cuando una visión contradice su misericordia.
Ideal: La vida no pertenece a ningún estandarte, y una fe digna debe soportar que su servidor le haga preguntas.
Vínculo: Conserva la lámpara velada de aquella noche y busca a los supervivientes que podrían revelar por qué la voz eligió a uno y condenó al otro.
Defecto: Cuando teme equivocarse, interpreta cualquier coincidencia como una orden divina y puede sacrificar su criterio para no volver a desobedecer.
Garnel de la Lumbre Velada es un enano de las colinas compacto y recio, de hombros anchos, manos encallecidas y una fuerza tranquila ganada en caminos difíciles. Su rostro curtido, de pómulos marcados y nariz rota, está enmarcado por cabello castaño ceniza, corto y desordenado, y una barba espesa salpicada de gris. Sus ojos oscuros observan primero heridas, insignias y salidas; bajo ellos, el cansancio parece una segunda sombra. Viste prendas de viaje remendadas, cuero flexible y una capa apagada, sin colores que lo vinculen a ningún ejército. Lleva a la vista vendas, ungüentos, herramientas de curandero y un símbolo sagrado sencillo, junto con equipo práctico de campaña. Su lámpara velada cuelga de la cintura, ennegrecida por aquella noche decisiva. A menudo la cubre con una mano, como si temiera que sus brasas volvieran a hablar. Camina inclinado hacia los heridos, pero se tensa cuando una visión contradice su compasión.