Pip Underbough — Acólito · Mediano · Monje 1
Manos rápidas, pies descalzos. Personaje pregenerado de nivel 1 para Dungeons & Dragons 5ª edición, con hoja completa lista para imprimir o remezclar en Nena Raven's Forge.
- Características
- FUE 8 · DES 17 · CON 13 · INT 10 · SAB 14 · CAR 13
- Clase de Armadura
- 15
- Puntos de golpe
- 9
- Velocidad
- 30 ft
- Dado de golpe
- 1d8
- Habilidades
- Acrobacias, Sigilo, Perspicacia
Pip Underbough llegó de niño al monasterio de la Olla Serena, donde los monjes sostienen que la disciplina se aprende igual amasando pan que lanzando puños: la masa, como el adversario, responde al ritmo y no a la fuerza. Pasó veinte años entre la cocina y el patio, memorizando plegarias con las manos en la harina y katas con la cena al fuego. Cuando el abad murió, la receta del pan ceremonial —que se transmite de maestro a discípulo, jamás por escrito— quedó dividida: cada hermano guarda un paso y ninguno la conoce entera. Pip salió al mundo con su bastón, sus dardos, las cuentas de oración del abad y la misión que él mismo se impuso: encontrar a sus hermanos dispersos y hornear el pan completo una última vez. Por el camino cocina para desconocidos, escucha más de lo que habla y discute la receta con cualquiera que crea saber de pan.
Sereno, curioso y desarmante: trata cada pelea como una cocina desordenada que hay que dejar limpia. Es incapaz de pasar frente a un horno sin dar su opinión.
Ideal: El equilibrio se amasa cada día: cuerpo, mente y despensa.
Vínculo: Las cuentas de oración del abad y los hermanos dispersos que guardan la receta incompleta.
Defecto: Confía en que todo el mundo mejora con una buena comida, incluso quien acaba de intentar matarlo.
Un mediano menudo incluso para su pueblo, ligero y preciso, con las plantas de los pies descalzas y endurecidas como suela vieja. Tiene el rostro redondo y afable, salpicado de pecas, y una sonrisa fácil que no compromete a nada; el cabello castaño va rapado salvo una coronilla corta, a la manera de su monasterio. Sus ojos avellana siguen las manos de la gente por costumbre doble, de cocinero y de monje. Viste túnica sencilla de viaje ceñida con faja de tela, harina eterna en los puños, y carga un bastón pulido por dos generaciones de manos. Del cinto cuelgan diez dardos ordenados y las cuentas de oración de madera del abad, gastadas de tanto pasarlas. Huele, inexplicablemente, a pan recién hecho.
Idiomas: Común, Mediano
Percepción pasiva 12